La fatiga relacionada con el cáncer (FRC) afecta a entre el 60% y el 90% de los pacientes oncológicos —ya sea durante el tratamiento quimioterápico, radioterápico o en la fase de supervivencia— y sigue siendo uno de los síntomas de manejo más difícil en oncología. A diferencia de la fatiga común, la FRC rara vez se alivia con el reposo e interfiere profundamente en la capacidad funcional, en las relaciones sociales y en la adherencia al tratamiento oncológico. Pese al creciente interés en la acupuntura como intervención complementaria para esta condición, el papel específico de la electroacupuntura —modalidad que asocia estimulación eléctrica continua a las agujas— había sido poco sistematizado hasta el momento.
Una revisión sistemática publicada en 2026 en Supportive Care in Cancer (Springer Nature), realizada por Campos, Minari, Alves y colaboradores, viene a cubrir esa laguna. Registrada en PROSPERO, la revisión consultó cinco bases de datos internacionales —PubMed, Embase, Virtual Health Library, Scopus y CAPES— sin restricciones de fecha, idioma, sexo, etnia o tipo de cáncer. De 2.110 referencias identificadas en la búsqueda inicial, cinco ensayos clínicos cumplieron los criterios de inclusión y fueron analizados en detalle. La calidad metodológica se evaluó mediante la escala PEDro y el riesgo de sesgo mediante la herramienta RoB-2.
DIMENSIONES DE LA REVISIÓN
Qué diferencia a la electroacupuntura de la acupuntura convencional
La electroacupuntura (EA) utiliza las agujas tradicionales como electrodos, aplicando corriente eléctrica de baja frecuencia e intensidad variable durante la sesión. Este recurso permite cuantificar y estandarizar la estimulación —ventaja metodológica importante en estudios clínicos— y potencia la liberación de endorfinas, encefalinas y otras sustancias neuromoduladoras en el sistema nervioso central. Para la fatiga oncológica en concreto, la hipótesis es que la EA modula el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, reduce las citoquinas proinflamatorias circulantes (TNF-α, IL-1β, IL-6) y actúa sobre los circuitos de recompensa y de regulación del sueño que con frecuencia están desregulados en pacientes con cáncer. La revisión señala que, a pesar del creciente interés clínico, los estudios específicos sobre EA —diferenciada de la acupuntura manual— aún son escasos, lo que convierte a esta revisión en un hito metodológico relevante.
Resultados: evidencia emergente, señal clínica consistente
El principal hallazgo cuantitativo de la revisión fue una reducción de 2,4 puntos en la peor puntuación de fatiga (IC95%: −2,9 a −1,9) documentada en un ensayo clínico que evaluó la EA en supervivientes de cáncer con dolor crónico —la magnitud del efecto es clínicamente significativa, considerando que una diferencia de 1,0 punto en el Brief Fatigue Inventory (BFI) ya se considera relevante por especialistas en oncología de soporte. Los demás estudios incluidos reportaron mejoría subjetiva en la fatiga en comparación con los grupos control, con variación en los instrumentos de medición utilizados. Ninguno de los cinco ensayos registró reacciones adversas graves relacionadas con la EA, y los eventos adversos leves —dolor leve en el sitio de inserción, equimosis transitoria— fueron infrecuentes. La revisión también identificó el análisis secundario del ensayo PEACE (Memorial Sloan Kettering) como una de las evidencias más sólidas incluidas, lo que refuerza el papel de la EA tanto en el control del dolor como en la fatiga asociada en supervivientes de cáncer.
Preguntas Frecuentes
Los estudios incluidos en esta revisión no reportaron reacciones adversas graves relacionadas con la EA en pacientes en tratamiento oncológico activo. En general, son necesarios cuidados específicos en pacientes con plaquetopenia grave (<50.000/mm³) —evitando puntos con riesgo de sangrado—, inmunosupresión intensa y neuropatía periférica grave que altere la sensación local. La evaluación individualizada por el médico acupunturista, en coordinación con el equipo de oncología, es fundamental antes de iniciar el tratamiento.
La revisión no estandarizó el número de sesiones —los ensayos incluidos variaron entre 4 y 12 semanas de tratamiento. Clínicamente, la literatura más amplia sobre acupuntura para la fatiga oncológica sugiere que los efectos perceptibles aparecen tras 4 a 6 sesiones, con consolidación de los beneficios entre las 8 y las 12 semanas. La frecuencia de 1 a 2 sesiones por semana es la más utilizada en los ensayos. El médico acupunturista debe reevaluar la respuesta de forma periódica y adaptar la duración del tratamiento al contexto oncológico del paciente.
No —la EA es una intervención complementaria, no alternativa. En todos los estudios de esta revisión se utilizó como adyuvante al cuidado oncológico estándar, no en sustitución. El abordaje ideal es multidisciplinario: el médico oncólogo evalúa y trata las causas tratables de la fatiga (anemia, hipotiroidismo, depresión), mientras que el médico acupunturista contribuye con la EA como recurso adicional de soporte. La integración coordinada por el médico es el modelo que mejor sirve al paciente con cáncer.
Fundado en 1989 por médicos formados en la USP y especializados en China, CEIMEC es una referencia nacional brasileña en la enseñanza y práctica de la acupuntura médica. Con más de 3.000 médicos formados en 35 años, colabora con el HC-FMUSP y está reconocido por el Colegio Médico Brasileño de Acupuntura (CMBA/AMB).
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